Verne que te quiero verne

El 8 de febrero de 1828 nacía un hombre que adelantó Invenciones como el helicóptero, las naves espaciales, internet, el submarino nuclear, el ascensor, los grandes trasatlánticos o las armas de destrucción masiva. Se llamaba Julio Verne y millones de infancias habrían sido mucho más aburridas sin sus novelas.

Como sucede con todos los personajes históricos preclaros, las teorías sobre el cómo pudo plasmar tales avances antes de que sucedieran son casi tan imaginativas como los propios libros. En todo caso, sí hay algo comprobado: Verne fue un compulsivo devorador de estudios científicos desde su juventud. Cuando renunció a la carrera de derecho y perdió la financiación paterna, se gastaba todo su dinero en libros y llegó a pasar hambre y privaciones que afectaron a su salud.

Afortunadamente esto no mermó su creatividad, aderezada con un importante sentido del humor y la ironía. Paradójicamente ambos faltan en una de las primeras obras que escribió y que permaneció inédita hasta 1994. Su título es “París en el siglo XX” y se ambienta en la capital francesa en torno a 1960. Un tiempo y un lugar en el que los seres humanos viven en altos edificios de hierro y cristal, en una sociedad deshumanizada en la que el dinero y los conocimientos técnico-científicos están por encima de la literatura, el arte o la filosofía.

En todo caso, Verne es uno de los padres de la actual ciencia ficción, junto a H.G. Wells y también uno de los inspiradores del movimiento steampunk, sus obras literarias y plásticas. Nantes, ciudad natal de Verne, es un paraíso para los amantes de esta corriente con una estética espectacular. La isla de las máquinas (L’isle des machines) es una cita imprescindible. También lo es su casa natal, situada en las afueras de la ciudad. No es un gran museo pero tiene su encanto hasta sus humedades, que recuerdan al acre olor del papel de las ediciones ilustradas de Bruguera Libro Amigo.

Por lo demás, la biografía de Verne está en Wikipedia y sus maravillosos libros disponibles sin costo en todas las bibliotecas públicas. Y también en ediciones de todo tipo con precios muy asequibles. Si alguien no ha recorrido aún 20.000 leguas de viaje submarino, ni ha dado la vuelta al mundo en 80 días, ni ha volado hasta la luna con Barbicane, Nichols y Miguel Ardán, siguen siendo aventuras fascinantes incluso hoy en que la tecnología ha superado con creces cuanto imaginó. Y es que, como él mismo afirmó “Todo lo que una persona puede imaginar, otras podrán hacerlo realidad”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *